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La diabetes

La glicemia indica el nivel de azúcar en la sangre. En ayunas, la glicemia normal es de entre 0,70 y 1 g/litro. Cuando ese nivel baja, el organismo se encuentra en una situación de hipoglucemia que se caracteriza por unos síntomas muy conocidos: hambre, mareos, calambres en el estómago o incluso, en algunas personas, agresividad e ira. Tras comer aumenta la glicemia normalmente, regulada mediante la secreción de insulina por el páncreas.
Existen dos tipos de diabetes:

  • La diabetes insulinodependiente o diabetes Tipo 1, generalmente detectada desde la infancia, que está relacionada con un defecto en la secreción de insulina.
  • La diabetes no insulinodependiente o diabetes Tipo 2, que se caracteriza por una resistencia a la acción de la insulina. En este caso, la glicemia se mantiene en unos niveles anormalmente elevados. Se habla de diabetes cuando los niveles son superiores a 1,40 g/litro en ayunas. La diabetes Tipo 2 es una enfermedad que se declara sobre todo en la edad adulta, aunque los datos muestran que aparece cada vez más pronto. Se trata de una enfermedad directamente ligada a los hábitos alimenticios (alimentos demasiado grasos y demasiado dulces), al aumento de la obesidad, al sedentarismo y al envejecimiento de la población, que favorece las enfermedades degenerativas. Estos factores fomentan un aumento persistente de la glicemia y, por tanto, la aparición de diabetes Tipo 2.

Para prevenir la diabetes, es posible actuar en dos niveles:

  • Mediante la realización de una actividad física regular 3 veces por semana.
  • Mediante un consumo reducido de grasas (saturadas) y azúcares (azúcares rápidos y azúcares lentos refinados).

La diabetes tiene numerosas consecuencias en el correcto funcionamiento del organismo y, en particular, en la glicosilación. Las personas diabéticas sufren de un exceso de azúcar en la sangre. Este exceso provoca la aparición de un proceso de glicosilación: los azúcares se adhieren a las proteínas y como consecuencia principal se produce una aceleración del envejecimiento celular y, en concreto, del envejecimiento anticipado de la piel. La glicosilación es un acelerador del envejecimiento del organismo. Todas las células se ven afectadas y todos los mecanismos se lentifican.
En caso de diabetes, para combatir la glicosilación, es necesario seguir un régimen alimenticio que reduzca la aportación de azúcares y aumente el consumo de vitaminas C y E, de magnesio, de vitaminas B1, B2, B2, B8, de cromo, de cinc y de selenio.
La benfotiamina, que es un derivado de la vitamina B1 (tiamina), reduce los efectos de la glicosilación en las personas diabéticas. De esta forma, puede contribuir a retrasar la aparición de los síntomas del envejecimiento (aparición de manchas oscuras, elasticidad de la piel).

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